domingo, 28 de septiembre de 2008

De porqué las experiencias urbanas me son tan importantes (1).

Miércoles a la tarde. Tengo que hacer trámites por San Telmo. Espero el 24 porque me acerca un poco mas, pero intuyo que hay algún otro motivo por el cual descarto la idea de viajar en subterráneo. Claro, como para dudar. Hace calor y en el subte la humedad se condensa, se respira peor (estoy tan acostumbrada a todo eso). Pero igual, no es. Estoy apurada, salí tarde, tengo que reordenar el día pero mi instinto me dice tomate el 24 porque viajar en colectivo, siendo primavera, es casi lo opuesto a viajar en subte. Arriba del colectivo hay ventanas y las ventanas dan a la calle y en la calle pasan cosas y esas cosas pueden verse por las ventanas, por los ojos. Quiero decir, uno como pasajero está en contacto con lo que pasa en el exterior mientras viaja y eso cambia el trayecto cuando, es decir, es partícipe y comparte lo que está pasando mientras mira (ej si hay un choque o demora en el tránsito, uno esta ahí, no escapa a eso), se puede mirar todo, lo mismo que cuando una camina desde arriba, se pasea sin caminar y sin cansarse. Pienso en todo esto cuando el colectivo espera la señal sobre diagonal norte y florida. Miro gente cruzar desde mi palco quieto del asiento de atrás de todo a la izquierda (que es, por lo general, uno de las ubicaciones del colectivo que más prefiero y que justo me tocó en este viaje). Alguna vez dije que ¨pasear es andar en colectivo¨, y en especial cuando es primavera. Llego a mis coordenadas y bajo: casi diez cuadras derecho por México. Camino hacia la derecha, me olvido de la dirección. Cada vez que estoy en San Telmo me pierdo. Me recuerda ciertos momentos de mi infancia, uno en especial. Mientras cenábamos con mis viejos en un restaurante después de pasear por la feria, tuvimos una charla sobre el tópico ¨porqué las cosas son de una manera y no son de otra¨. Creo recordar, incluso, la pregunta que motivó esa charla: ¿porqué tengo pelo castaño y no rubio? ¿porqué no tengo los mismos ojos que papá y se parecen más a los de mamá? ¿porqué, eh, porqué? tendría 7, 8 años, a lo sumo 9, y hostigaba a mis padres con ese tipo de preguntas. Papá empezó a hablar de la arbitrariedad del destino, fue una larguísima y exepcional charla; algo que me hizo cambiar la mirada sobre algunas cosas, empecé a pensar de otra forma que hasta ese momento no concebía. Ahora, ya de grande, cada vez que voy a ese barrio tiendo a perderme. Me acuerdo de algunos casos: entrevistas de trabajo, fiestas, algún recital, unas cuantas por equis motivos que ahora no me acuerdo.
Después de caminar seis cuadras por México empiezo a sospechar que no voy en la dirección correcta. Recién entonces me fijo la numeración. Lo compruebo. Me tomo un taxi por un poco más de diez cuadras, pero le pido que me deje antes de cruzar la avenida, total ya estoy cerca. Llego, hay poca gente y los trámites se hacen rápido. A la vuelta, tomo Paseo Colón hacia el bajo, convencida de que es para ese lado. Llego a una estación de servicio y aprovecho para mirar mi guía de calles: apoyo la espalda sobre una pared y acepto que otra vez estoy yendo para el lado opuesto (a esta altura ni siquiera tengo voluntad de enojo). El cielo está radiante. El tiempo siempre fue un tema difícil, pero a veces tengo suerte. Antes no soportaba nada de eso. Ahora quiero disfrutar. Chequeo mi guía T y averiguo como volver: el 24 pasa por Perú (nunca me acordé que para el 24, ambos direcciones coincidían en esa calle). Lo tomo en una esquina, creo que la de Independencia. Después de dar unas vueltas, toma una calle tipo avenida que me recuerda a la Peatonal de Gessell. Me acuerdo que una vez, llendo a un museo en La Boca me perdí en esa misma avenida. Ya casi sé que no estoy llendo hacia donde debería. Me entretengo mirando por la ventana, pero ahora tensionada le pregunto a una chica para donde está llendo, me contesta que para el lado de Avellaneda. Otra vez. Me bajo y pregunto en un quiosco, cruzo a la parada de enfrente y pasa justito. El colectivo está casi vacío. Se desocupa un asiento individual y saco del bolso el mismo libro que leí de ida. Vamos a tomárnoslo con calma. Me da el sol casi directo. Me pongo a leer sabiendo que tengo un trayecto importante, y que un mensaje de texto alivia con que mi próxima actividad se retrasó 45 minutos. Apenas me baje del 24 tengo otro viaje en colectivo y después otro en el subte D, antes de volver a casa por última vez. La liviandad del día que empezó tarde, disminución de trabajo, el clima templado: detalles enormes que facilitan las cosas. No son detalles. Paseo desde arriba por un barrio desconocido en una tarde de primavera incipiente. Me siento una turista.

sábado, 27 de septiembre de 2008

¿Porqué todos hablan de venderse a sí mismos últimamente?

martes, 23 de septiembre de 2008

Por pensar demasiado, vuelvo a considerar que quizás tenga actitudes autistas, hipótesis posible desde hace unos años. Repaso las versiones que escuché hasta ahora: algunas dicen que los autistas son almas que dudan en el momento de nacer. Otras, que alguien afuera no lo desea, entonces el niño lo percibe y se trauma desde la panza. Nace sin quererlo y decide hacer de cuenta que no existe, que nunca nació. Dicen que el núcleo de ser autista reside en no desear estar en la tierra, como si la existencia llegase de afuera y a los golpes.

Cuando estamos en la panza percibimos todo lo que pasa en el óvulo materno, algo así como nuestro alrededor. Que se nos pega todo lo que pasa en el cuerpo de nuestra madre cuando habitamos ahí, que ya nacidos absorbemos lo que vemos y tocamos como una esponja. Que nacemos sabios (con resabios de sabiduría que traemos de algún otro lugar no terrestre) y en algunos casos con facultades extra sensoriales que el mundo exterior nos incita a perder. Dicen. Y a mí me resulta que sí, que quizás sea así, que puede ser.

Leo sobre pedagogía y teorías sobre la educación: me interesa mucho. Demasiado. Me cuestiono la enseñanza desde otro lugar, voy hacia el principio, la génesis macro, lo que estuvo ahí desde el principio de la civilización moderna hasta acá, la normativa pedagógica que sigue teniendo lugar y ya ni siquiera cuestionamos por hábito y porque lo conocido nos da seguridad (aunque hace rato que no funcione así). Eso que ahora nos es natural, en algún momento no lo fue. Tuvo que construírse a contracorriente.
La teoría me da un marco necesario y útil para pensar la realidad que se relaciona con tantísimas cosas con las que al principio no pareciera, pero sí, e incluso me impulsa a escribir, genera algunas ideas. Es interesante, simple y actual. Y lo simple dicho en términos reales, no habla de facilidad ni de aburrimiento.

Pienso: en arte, salvo algunas excepciones, nada es absolutamente actual. Se encuadra en una dimensión que trasciende la realidad pura, en un plano hipotético, subjetivo. Irreal.
En educación la realidad está basada en la(s) vida(s), los sujetos y en la realidad. Se trata de gestar pensamientos, de nutrir ideas: así de importante y dramático. La verdadera vocación pedagógica es tan pura como necesaria. Las hipótesis siempre se entrelazan con la realidad, es inevitable, lo hacen y en ese hacer son modificadas por el todo. La educación es un arte. Un ready made del presente que nos hace mirar para observar y hacer algo con eso.
En cambio, en el arte abstracto siempre hay algo por explorar. Es un juego que no termina, siempre hay alguien que llega mas lejos que otro a quien es necesario alcanzar para pertenecer a ella, para seguir la historia, para entenderla. En arte (y en su nombre) se dan luchas que crean abstracciones enormes, interminables, inexplicables, hermosas pero vanas ilusiones para el hombre que sí es real. Eso sí: todo pasa rápido (como pasa el tiempo en la era postmoderna), pero muchas veces pasa sin fundamento. Voluptuosas, delirantes e ingeniosas corrientes artísticas recorriendo el mundo porque sí, la belleza de lo moderno y del sinsentido (a veces), el reinado de lo estético y unos cuantos filósofos queriendo teorizarlos, explicarlos, vincularlos con algo que muchos llaman ¨el todo¨ y que no sabemos bien de qué se trata realmente (¿porqué no ser un poco más realistas?). Bien: hace muy poco me enteré de que Kant también escribió sobre pedagogía y que su texto fue clave para la concepción que se tenía de ella cuando estaba por terminar el siglo XVIII.

¿A quien no quisieron disciplinarlo alguna vez? ¿a quien no lo burlaron en el colegio?

En la educación se trabaja con seres reales, se está en contacto absoluto con la realidad. (concebida, incluso, como totalidad). Aun así, es puro movimiento librado a varios azares. Educar al pueblo es tan necesario como alimentar a los ciudadanos, por decir algo, no sé.

A veces el arte abstracto se me hace agua, espejismo, adicción, ilusión, puro vaciamiento. Me quedo pensando, por ejemplo, en ¿cuantas veces nos enamoramos de/ por/ a causa de una ilusión? ¿qué nos pasa con las (nuestras) ilusiones? ¿acaso la educación –vista como necesidad / deseo propio u ajeno- no se ve motivada por alguna de ellas?
Pienso.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Con mi psicóloga estamos de acuerdo en que ahora soy la que elige mi realidad, entonces no hay demasiado a lo que oponerse, ni otros que interpretar, que aguantar ni que dejar hacer.
El presente simple y tan claro que da miedo y, a veces, risa. Es la revolución de la forma, la revelación del presente. La reversibilidad que trae otras miradas atrás, escondidas: la rebelación de lo atemporal e impalpable que para cada uno es diferente. La valentía y el derecho de elegir ser.
Pienso en forma versus contenido. Maravilla de revolución.

¿gloria o empatía?

Extrañamiento: mi psicóloga me halaga.

fetiche de la semana

no puedo dejar de mirar corpiños en las vidrieras.

(le siguen las medias de colores y las rayadas, por default)

viernes, 12 de septiembre de 2008

Dicen que viajando se fortalece el corazón

Y dicen que desde lejos todo se ve mejor.

Pero no voy a contar nada hasta que vuelva.